domingo, 20 de diciembre de 2015

Un grito es silencio.

La muerte de Emma no es algo que desconozca, cada vez que le llevo flores recuerdo su funeral, pero no puedo dejar de llevarle flores, simplemente es una dependencia al polen.
Pero aún sabiendo eso, mi sueño volvió a desaparecer cuando volví a casa, también el apetito; supongo que cuando uno se siente dolido las cosas cambian.
Pase la noche como todas las anteriores, sentada frente a un monitor, sin emitir ninguna emoción, vacía, esperando que las aves volvieran a cantar para avisarme que debía descansar.

Bajo las sábanas mi piel quema, sus ojos derriten mis lenguas, mientras a fuerza intento ocultarme bajo la almohada, cualquier intento parece inútil, mi piel suda, mis venas sangran, mis gajos se marchitan. 
Aún con los ojos cerrados me siento en la cama cuando mi hermana jala de mi brazo -¿Qué quieres?-tengo sueño. 
-Dame el analgésico.-refunfuño mientras vuelve a jalar mi brazo.
-De acuerdo, de acuerdo, ya voy- me giro y vuelvo a cubrir mi cabeza con las sábanas. 

Permanezco así un tiempo estimado de treinta segundos, luego salto de la cama con toda la energía que tengo, no dura mucho mas que eso, dejo caer mis hombros y en una postura innecesariamente ridícula camino a la cocina, tomo el analgésico y lo muelo en una cuchara, sirvo un poco de agua en un vaso y de tropezón en tropezón, le doy el analgésico a Esme. Después me tumbo en el sofá y restriego mis ojos, enciendo el televisor y busco un canal con hora; las tres, las tres de la tarde y yo con sueño; bueno no es como si tuviese mucho que hacer, sin otra cosa en mente me siento frente a la computadora a bajar música.

Apenas toco la comida, en esta época del año el hambre no es una prioridad, es más casi ni existe, el calor y toda la avalancha que me recubre no me permite sorber mas que unos tragos de té helado y unas migas de arroz. En fin cuando sus ojos caen y la gema de cristal se realza en el cielo, dejo que una cascada de cristales falsos caiga sobre mi cabeza y se extienda a mis tobillos, volviendo me una con el agua. Ésta vez no puedo simplemente disfrazar mis gritos con una canción, ésta vez no puedo contenerme solo con unas cuantas lágrimas; el volumen de la música puede opacar muy bien cualquier otro sonido, por ello dejo que éste me guíe, comienzo con un simple balanceo, luego mi cabeza gira, de derecha a izquierda, de derecha a izquierda, de derecha a izquierda; siento como las lenguas me azotan el rostro y muevo mas rápido mi cabeza, mi cuerpo, coloco mis manos sobre mis oídos cubiertos y dejo que un grito sin sonido desgarre las cuatro paredes, de derecha a izquierda, de derecha a izquierda, de derecha a izquierda, de derecha...a izquierda; me dejo caer. Duele, mi pecho duele demasiado, presiono hacia adentro mis ojos con mis dedos e intento respirar normal, luego de unos segundos la canción se detiene, espero un poco más;escucho...el caer de una cascada dividida a la mitad por mi espalda, la guitarra eléctrica haciendo eco, mis propios pensamientos y finalmente una contención de aire debido al tiempo que evité respirar; dejo que mis rodillas se despeguen del suelo y me apoyo contra la fría pared de sangre que he estado construyendo.
Una sola lágrima, un solo dolor se desarma por mi barbilla.
Es hora de volver a la realidad. 
La cena está lista por lo tanto me sirvo y escucho una charla poco comunicativa que se desprende de la boca de unos insectos que por alguna razón sigo tolerando.

Algo que invadió mi mente antes de dormir: Un rió de sangre al cual caer, zambullendo sus frágiles alas de terciopelo azul, la golondrina de pecho blanco se hunde en su propia esencia, como el diamante que atraviesa el mar, como la pluma que ahoga la sirena.



Adiós Lusi.

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