lunes, 21 de diciembre de 2015

Toma una decisión.

Sus ojos se reflejan en el vasto océano, puedo ver con claridad sus pequeños y extensos brazos acariciando el agua salda, aquí a los pies de una orilla espumosa aguardo que la marea suba para insertarme en ella y desaparecer...Sé que es una locura, pero el poco tiempo que he estado sentada sobre esta inmensidad de perlas doradas, me ha hecho darme cuenta de lo mucho que deseo nadar por siempre en las profundidades de mis miedos.
El viento sopla con desenfreno, mis largos cabellos se pegan a mi rostro, evitando me observar mi destino. Entierro mis pies y manos en la arena e inhalo el dulce olor de la sal y el azufre de mi cuerpo calcinándose bajo el calor de sus parpados abiertos...unos parpados que ciertamente insisten en derretirme lentamente, siempre devorando me con cada amanecer, extrañando me cuando debe marcharse. No le odio, pero muchas veces deseo su extinción; no quiero volver atrás y continuar con la vida que las fotografías preservan aún de mi, no quiero volver a usar coletas y reír junto a fantasmas, pero quiero mirar hacia adelante y no toparme con esta figura torpe que me envuelve cada que me reflejo en el espejo.
Quiero algo más que unos ojos castigando me, quiero algo más que un simple atardecer; yo ya no quiero volver a ver esos ojos, no quiero sentir el ardor cubrir mi piel, yo ya no quiero que vuelva a amanecer.
Escucho el chiflar del viento en los medanos, a lo lejos las gaviotas cantan, pero no es eso a lo que he venido; estoy apreciando la vista pero mi propósito es otro. Entraré a esas aguas saladas y culminaré mis alas bajo la fría superficie.
El cielo está resplandeciente, envuelve cada uno de mis latidos; mis lenguas parecen bailar al compás de una batuta inexistente, una que ilumina el cielo como una barita pero que está presente solo en mis pensamientos. Aquí, bajo un río de eterna soledad, bajo el pecado divino de la imperfección, gozando de mi última puesta de sol me pongo de pie, a pesar de estar cerca de la orilla estoy lo suficientemente lejos como para tener que caminar un largo tiempo antes de que la vertiginosa y viciosa espuma color algodón me rose la punta de los pies. Ese trayecto me toma el tiempo necesario para decidir si realmente es lo que quiero o deseo dar la vuelta y alejarme con los hombros caídos, pero ese tiempo solo me re confirma algo que ya se: no voy a abandonar esta oportunidad solo por ser presa del miedo, un miedo que no tiene que apoderarse de mi ahora, no; ahora no, justo cuando estoy lista para perderme en un océano, de volverme inexistente, no me detengas, miedo te lo ruego, no lo hagas, no me frenes ahora.
Estoy demasiado abrumada como para pensar en que mientras he estado debatiendo con mis conflictos internos el agua ya rebasa el límite de mi cuello, estaba lista para ahogar mi recipiente en estas frías y pecaminosas aguas infestadas de fantasmas y almas pero cuando lo único que queda por hacer es terminar lo que se empieza, cuando solo dependo de hundir mi cabeza y aguantar el elevar nuevamente mi cuerpo en busca de aire, cuando lo único que debe suceder para que esté echo, es tomar la decisión que deseas, simplemente cuando solo eso falta...
Es cuando no importa cuan bella fue la obra que contemplaste, no importa cuanto lo planeaste o discutiste frente a tu reflejo, nada se puede ejecutar, ni el más magnifico plan  puede ser realizado si al sentir ese cosquilleo recorrer tu espalda y susurrar a tu oído -No puedes hacerlo, cobarde, rinde te...-, si dejas que eso te afecte, jamas dejaras de ver el mismo aburrido atardecer, si no te tomas el tiempo de negarte, rehusar te para ser vencido por el miedo, si no estas dispuesto a correr en busca de otro horizonte ¿qué estas esperando para dejarte vencer?, huye, corre como lo que eres un cobarde que teme enfrentar ese océano de miedos que no se irá a menos que bebas toda el agua, . No seas cobarde, hunde tu retorcida cabeza bajo esa agua infestada de toda tu basura, de todo lo que no hiciste, de todo lo que dejaste atrás y todo lo que no aprovechaste, hunde tus ojos y pestañas, nariz y garganta, deja que todo ese fuego queme el poco aire que estas soportando; hay mucho por lo que luchar y tu estas ahí, de pié observando la orilla, debatiendo te si es una tontería, si tienes las agallas o debes volver mas tarde...
Esa orilla estará esperando eternamente a que dejes de ser cobarde, a que te ahogues y renazcas de entre la carne de un fantasma.


Adiós Lusi.

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